Felicitación pascual

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¡Feliz Pascua de Resurrección! Se lo digo de corazón. Es lo que me sale de dentro, no de la costumbre. Si en otras ocasiones compartimos nuestros buenos deseos de felicidad, cómo no hacerlo en este tiempo pascual. La Pascua del Señor es un acontecimiento de alegría y de júbilo, una experiencia de salvación y de vida, un derroche de alabanzas a Dios (aleluya) y una Buena Noticia de primera plana. La Pascua de Jesús es la señal más clara y luminosa del amor de Dios Padre, que quiere gozosamente que nosotros sus hijos tengamos vida.

La verdad es que, después de esta “entrada radiante”, siento un poco de rubor y de pena porque quizá no esté su situación anímica, familiar o social para tales efusiones de alegría, entusiasmo y alabanza. No siempre discurren en sincronía nuestro tiempo psicológico y social con el espíritu del tiempo litúrgico.

Yo mismo, que les saludo con la alegría de la fe y de la esperanza, he tenido que sobreponerme a un estado de preocupación, dolor y decaimiento ante una realidad tan lacerante, violenta, injusta y corrompida como nos rodea socialmente. ¿Cómo afirmar la vida en medio de tantos muertos por la avaricia y la violencia y de tantos vivos sin conciencia?

Hasta he pensado que la Iglesia en su liturgia pascual es un poco exagerada. ¡Qué alegría desbordante! ¡Qué expresiones de felicidad! ¡Qué afirmación del triunfo de la vida! ¡Qué efusión de sentimiento! ¡Qué gozo de cielo, de tierra, de aire y de mar! ¡El mundo entero se desborda de alegría!

Pero no, no es que la Iglesia Pascual sea exagerada en sus expresiones, es que yo tengo poca fe o no saco las consecuencias de la fe que digo tener.

Los invito a colocarnos en el corazón de la Iglesia, a entrar en su fe, a sentarnos en su mesa de la Palabra, de la Eucaristía y de la Comunión, a sintonizar con sus sentimientos de gozo, de paz de alabanza, de esperanza. Sin duda que ahí aprenderemos la verdad sobre Dios, sobre el mundo y sobre nosotros mismos que brilla en Jesucristo, el Crucificado Resucitado.

Los animo a “salir a toda prisa” de las situaciones y actitudes que nos encierran en el miedo, la rutina y la comodidad y, como las mujeres en el amanecer del primer día de la semana, con emoción y temblor pero con mucha alegría, correr a llevar la buena noticia de la Resurrección del Señor a todas las personas (Mt 28,8). ¡Somos Iglesia en estado permanente de misión!

Porque Dios Padre ha resucitado a Jesús y porque nos está resucitando con El, ¡feliz Pascua!

+ Ángel Garachana Pérez, CMF

Obispo de San Pedro Sula