Mes de la Biblia en familia

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Celebramos este mes de septiembre, el mes de la Biblia, con el objetivo de poder tener un mejor acercamiento a la lectura y comprensión de la misma. Hay varios motivos del porqué dedicar una mayor atención, aunque debe ser para todo el año a la lectura de la biblia. Un 26 de septiembre de 1569, se terminó de imprimir por vez primera totalmente la Biblia en español. Por otro lado, el 30 de septiembre la Iglesia católica celebra la festividad de San Jerónimo, que tradujo la Biblia del griego y hebreo al latín, la llamada Vulgata.
Tomamos como marco de referencia la VERBUM DOMINI que nos dice “Exhorto, pues, a los Pastores de la Iglesia y a los agentes de pastoral, a esforzarse en educar a todos los fieles a buscar el sentido profundo de la Palabra de Dios, que se despliega en la liturgia a lo largo del año, mostrando los misterios fundamentales de nuestra fe. El acercamiento apropiado a la Sagrada Escritura depende también de esto”. DV 52.
Valiéndonos de estos buenos motivos para poder tener una mejor lectura de las Sagradas Escrituras, nos podemos hacer la pregunta: ¿Y cómo tener una lectura de la Biblia en el interno de nuestras familias?, sería mejor fijarnos metas y espacios para poder tener una lectura, meditación y aplicación del contenido de la Palabra de Dios, que nos lleve a un buen obrar en el caminar de nuestras familias.
“Creo que la familia, cada vez más, está siendo azotada por una cultura de indiferencia religiosa, es decir, que los valores cristianos de rezar juntos, leer la Palabra de Dios, e ir a misa en familia, ya no se practica. Todo esto nos lleva a una descristianización de la familia que se va sumergiendo en una cultura del placer vano, del individualismo y de una vida sin Dios. Vivimos como si Dios no existiera, hacemos de todo pero nada que nos lleve al encuentro con el Dios de la vida que viene a darnos plenitud.
Frente a este fenómeno, necesitamos volver a CRISTIANIZAR nuestros ambientes. Recordemos que el centro de la Biblia es Jesucristo, Nuestro Señor. “Toda Escritura, divinamente inspirada, es útil para enseñar, para convencer, para corregir, para dirigir en la justicia”. (2 Tm 3, 16).
Acerquémonos, pues, a la lectura de la Palabra de Dios. Que ella sea fuente de vida y nos permita tener un encuentro con Jesucristo, una conversión de aquellas actitudes que no favorecen la comunión y el amor en nuestros hogares.
Padre: Luis Estévez.

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