La vida humana es un don de Dios. ¡Defendámosla Juntos!

Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

“La violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado. Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos. En el peor de los casos, lleva a la muerte física y espiritual de muchos, si no es de todos”. (Papa Francisco, Mensaje, 50 Jornada Mundial de la Paz, 2017)

El aumento de la criminalidad y la violencia coincide en Honduras con el inicio de la transición democrática, que data de un poco más de 35 años. Este proceso democrático no ha logrado la estabilidad política, al contrario, ha incrementado dramáticamente la pobreza y ha profundizado la inequidad social.

En democracias consolidadas, la gestión gubernamental se orienta a generar las bases para el crecimiento económico y garantizar condiciones sociales de bienestar para toda su población, producto de un pacto social establecido entre todos los sectores. En Honduras, la seguridad ciudadana sigue siendo el gran reto para el Gobierno, pero también es necesario avanzar hacia la construcción de la sociedad, la comunidad, la familia, la escuela, la empresa donde todos asumamos el estilo de los artesanos, de los constructores de paz.

El recrudecimiento de la violencia manifestado en los últimos acontecimientos de crímenes y asesinatos en el país, manifiestan por un lado, una sociedad en descomposición, enferma y desesperada ante las acciones criminales inimaginables, cuyos ciudadanos se inmovilizan y se alejan de cualquier situación peligrosa que ponga en riesgo su vida producto del miedo y de la falta de solidaridad.

Se tiene la impresión que no se ha realizado un análisis serio de la situación de vulnerabilidad en la que vive la mayoría de la población, por eso, se proponen medidas para salir del paso: acciones policiacas desarticuladas y se reduce la política de seguridad a tener más policías, más armas, más penas y más cárceles.

Estas medidas desesperadas y violentas colocan al país en pie de guerra y llevan al enfrentamiento de las autoridades con las personas catalogadas como antisociales. La respuesta a la violencia se enmarca en la lógica de la ley del talión, se responde al ojo por ojo, diente por diente ante los hechos criminales, pero la violencia engendra más violencia y nos sume en una espiral de la que nadie se puede escapar. “Los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón” (Papa Francisco, Mensaje, 50 Jornada Mundial de la Paz, 2017)

Es apremiante buscar la solución a éste agudo problema y dar una respuesta integral que contemple la eliminación de la impunidad en el sistema de justicia, erradique la corrupción en la policía y la violación a los derechos humanos, aumente la capacidad investigativa de los cuerpos de seguridad, pero sobre todo que aplique políticas sociales que solucionen la pobreza, la falta de empleo y las necesidades básicas insatisfechas de un elevado porcentaje de la población.

Las soluciones de fuerza no garantizan la paz ciudadana, es más, la historia reciente nos indica que cuanto más represivos se tornan los mecanismos para el control del crimen y la violencia, más se elevan los indicadores de violencia institucional y arbitrariedad de los operadores de justicia, incluidas las fuerzas de seguridad sin que por ello disminuyan los niveles de violencia en el país.

La ciudadanía pide cambios palpables en su vida cotidiana. Cualquier reforma en el sistema de seguridad debe estar acompañada de políticas y leyes que modifiquen la situación de pobreza, exclusión y violencia en la que viven. Jesús mismo nos ofrece un “manual” de esta estrategia de construcción de la paz en las bienaventuranzas (Mt 5,3-12) que trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena, feliz y auténtica.

La violencia hace retroceder a la sociedad hondureña a la década de los 80s. Volvemos a convertirnos en un Estado militarizado que infunde miedo, con carta blanca para ejercer sin discreción la violencia, en un Estado de seguridad nacional donde la vida de las personas depende de la fuerza de las armas y de la voluntad absoluta de quienes las portan, recordemos que ¡la fuerza de las armas es engañosa!.

Somos conscientes de la necesidad momentánea de las acciones represivas que el Gobierno ha tomado para enfrentar el delito, sin embargo, preocupa que en un problema tan sensible no se establezcan consensos políticos y acuerdos sociales, que permitan balancear las intervenciones preventivas y represivas y establezca los límites en el ejercicio del poder y en el monopolio de la fuerza en nombre de la protección a los ciudadanos y del orden público.

La democracia da un paso atrás, cuando la solución de los conflictos sociales se busca por la vía autoritaria y no por el consenso y la búsqueda participativa y alternativa de soluciones.

Las experiencias de prevención más exitosas en materia de reducción de violencia han tenido como objetivo central afrontar los factores que posibilitan la reproducción de la violencia, por eso es necesario y urgente que el Gobierno reconozca humildemente que para hacerle frente a este problema de seguridad es necesario el dialogo y la búsqueda de soluciones integrales con la participación de todos los sectores sociales, que garantice el fortalecimiento de la gobernabilidad en materia de seguridad, un gran pacto social por la seguridad es urgente y necesario.

Reflexión Comunitaria

  • ¿Cuáles son las causas de la violencia en su comunidad?
  • ¿Cuántas personas han sido afectadas por la violencia en su comunidad?
  • ¿Cómo acompañan a las personas que han perdido familiares a causa de la violencia?
  • ¿Qué otras acciones realizan en la comunidad para ser constructores, artesanos de Paz?

 

Cáritas de Honduras - No. 149

Año 15. 19 de Enero de 2017

Tegucigalpa, Honduras