¿Por qué participé en las elecciones?

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“Ante las normas morales que prohíben el mal intrínseco no hay privilegios ni excepciones para nadie. Ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales” (Veritatis splendor, Juan Pablo II, no.96).


Atrás ha quedado la aparente incertidumbre que generó la convocatoria a las elecciones primarias, puesto que ganaron la candidatura presidencial los que siempre se señalaron como ganadores, especialmente en el Partido Nacional y Libre, finalmente, ¡no hubo mayores sorpresas!.

Como sucede después de cada proceso electoral, los políticos entonan el mismo canto, ¡la democracia se consolida!, tomando como argumento la realización de las
elecciones -elecciones que no fueron tan masivas como aseguran muchos- y la movilización del voto duro de sus partidos. Sin embargo, las denuncias de fraude,
favoritismo, adulteración de actas entre otros delitos electorales no se han hecho esperar y denotan que todavía no podemos garantizar la limpieza de los procesos
electorales, ni siquiera al interior de los partidos.

A pesar que estas elecciones primarias e internas eran prácticamente controladas por los partidos -Libre, Liberal y Nacional- con la supervisión del Tribunal Supremo
Electoral, a muchos de los candidatos “no les salieron las cuentas” y narran hechos antidemocráticos, sobre todo, en el conteo de votos, en los resultados plasmados en las actas y en la violación de derechos políticos. Esto evidencia que los valores democráticos no son parte del quehacer de muchos políticos, lo que se convierte en una amenaza latente, ya que una democracia sin valores, fácilmente conduce a una dictadura visible o encubierta.

Junto a esta coyuntura, hubo otro elemento que ensombreció las elecciones y puso en precario a muchos aspirantes. Nos referimos a las declaraciones de personas presas y con procesos judiciales en los Estados Unidos, las cuales dejan un mal sabor de boca y confirman lo que se dice y se ha dicho en cualquier rincón del país: que políticos y policía son los cómplices preferidos del crimen organizado.

Estas declaraciones desnudan la corrupción que existe en las principales instituciones estatales y en los órganos de prevención del delito, lo que profundiza en la población un sentimiento de desamparo y descontento en las instituciones y más aún, cuando el poder judicial y el Ministerio Publico no tienen la capacidad o la voluntad de judicializar estos crimines, burlándose de la legalidad.

Es vergonzoso que operadores de justicia de otros países hagan lo que los operadores de Justica en Honduras no se han atrevido a hacer, porque en lugar de establecer la justicia y el derecho se han encargado de institucionalizar la impunidad. Con estas declaraciones, se evidenció el contubernio entre mafias, crimen organizado y políticos, la corrupción institucionalizada, el uso del poder para cometer crímenes y mantener intereses particulares es parte integrante del ejercicio de la política.

Ningún Partido Político ni candidato aunque haya salido electo, puede cantar victoria. Los retos que tiene el país son enormes para seguir gobernando sin metas, sin objetivos, sin respeto a la Ley ni a las instituciones democráticas. 

Es urgente que la clase política busque: 

• Fortalecer la frágil democracia sometiendo a reformas profundas la Ley electoral, transformando al Tribunal Supremo Electoral en un impartidor de justicia electoral y no en un administrador de las elecciones como hasta ahora. Es necesario garantizar la limpieza del proceso electoral general de Noviembre, garantizando la pronta aplicación de la Ley de Financiamiento, Transparencia y Fiscalización de los Partidos Políticos y Candidatos, nombrar a los miembros de la Unidad de Financiamiento, Transparencia y  Fiscalización que permita garantizar de una vez por todas la transparencia en los comicios, que pasa por la obligación de separar de sus funciones a las personas que ocupan cargos en el gobierno y se lanzan de nuevo como candidatos a elección popular de sus partidos.

• Fortalecer a los operadores de Justicia, que permita la disminución de los niveles de impunidad, accionando de forma inmediata en todos aquellos casos donde se encuentren señalados políticos, empresarios y operadores de justicia por actos de corrupción o delincuencia organizada. El Ministerio Publico y la MACCIH tienen con las declaraciones brindadas por personas enjuiciadas en un Tribunal de Nueva York, una prueba de fuego, la investigación y el castigo a los culpables de estos señalamientos puede ser un parteaguas en el combate a la corrupción y al fortalecimiento del sistema de justicia y la oportunidad para “depurar” a la clase política y para exigir cambios profundos en los partidos y en la institucionalidad pública.

• Disminuir la violencia e impulsar la educación para la paz, sin politizar el tema o hacer populismo o demagogia con el mismo, generando mejores condiciones de
vida para los ciudadanos, reduciendo los altísimos índices de pobreza, desempleo y subempleo, con mayor acceso a la salud, mejorando la infraestructura en los hospitales, centros de salud como espacios de recuperar la vida de la población enferma.

• Buscar respuestas reales para mitigar las medidas migratorias del Presidente de los Estados Unidos, para enfrentar los retos de una economía golpeada por la reducción de las remesas y que permitan atender de forma digna a una población migrante que regresa muchas veces desubicada, psicológicamente afectada y sin comprender por qué se les niega la posibilidad de trabajar y vivir dignamente en su país.

El “Show” político, en la primera escena ha finalizado, muchos sueñan con nuevos puestos que obtendrán en el nuevo gobierno, pero es necesario volver a la realidad. El país, el gobierno y los políticos no pueden seguir ajenos a nuestras preocupaciones, empecemos con acciones prácticas, reales y contundentes: bien o mal los hondureños y hondureñas seguimos creyendo en los procesos democráticos.

Los sinsabores son muchos, pero no podemos ser fatalistas, hay que reiniciar el camino, recordando que de ahora en adelante nuestra participación como sociedad organizada debe empeñarse en establecer gobiernos honestos, transparentes y volcados a propiciar el bien de la nación.

Los Obispos nos dan pistas claras en su último Mensaje, es necesario profundizar en los análisis en los debates, en foros de discusión, es necesario plantearnos estos temas, es necesario aprovechar esta sacudida de la clase política para generar cambios, para exigir cambios. Es hora de plantearnos si queremos una primavera hondureña o seguir viviendo bajo el manto de la impunidad.

Para Reflexionar:

  • ¿Cuál es el comportamiento de los políticos de su Municipio?
  • ¿Consideran que un político corrupto puede buscar el bien común?

Cáritas de Honduras
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