¿Qué viene después de la crisis universitaria?

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“Estoy contento que estén reunidos y que tengan esperanza mirando adelante. Porque cuando miramos atrás siempre quedamos aprisionados por la dificultad de las tribulaciones, los problemas. Así que hay que mirar adelante como ustedes” (Papa Francisco, 16 mayo, 2013).

No hay duda que la crisis que afronta la Universidad Nacional Autónoma de Honduras es un reflejo de la extrema polarización política y social que desde hace varios años vive la sociedad hondureña, producto de los conflictos e intereses de las élites políticas y económicas que en los últimos años han sido incapaces de encontrar salidas dialogadas a sus diferencias políticas y a los grandes problemas del país.

Estas crisis institucionales -como la universitaria- no son nuevas en el país. Nos caracterizamos por mantenerlo en una crisis permanente en diferentes ámbitos: en el poder Ejecutivo, en el poder Legislativo, en el poder Judicial, en los partidos políticos, en los operadores de justicia y en las mismas organizaciones sociales. Crisis que se alargan innecesariamente por causa de la incapacidad de dialogar y de construir una institucionalidad fuerte, con mecanismos y dispositivos para canalizar las crisis y de alejarla de la influencia de los poderes económicos y políticos.

En este año los conflictos han ido en aumento: en la elección de la Corte Suprema de Justicia, en la depuración de la Policía Nacional, en la violencia de pequeños grupos y maras, en la deslegitimación gubernamental y ahora la crisis universitaria que ha llevado a los ciudadanos a situaciones de casi desobediencia civil y desconocimiento de la autoridad. En una de las pancartas se leía: “Julieta ya no eres mi rectora”.

La crisis universitaria no es una cuestión puramente estudiantil. Es como dice el Papa Francisco “una crisis en la que el hombre es quien sufre las consecuencias de esa inestabilidad. Hoy día está en peligro el hombre, la persona humana” (Mayo del 2013). Miles de estudiantes buscan oportunidades mayores, conocimientos más profundos, mayor experticia, no solo por competencia sino por crecimiento humano. De ahí que los conflictos no se resuelven descalificando o penalizando al otro. El derecho a pensar de manera diferente tiene que ser tolerado y respetado.

Los caminos de encuentro tienen que buscarse por medio de la razón. Las posiciones de fuerza no conducen al dialogo. La flexibilidad tiene que venir de todas las partes en conflicto.

Todo conflicto puede ser superado y hasta validado cuando dejamos que la razón, la prudencia, el dialogo o la construcción colectiva de consensos prevalezca y permita avanzar hacia la consecución de los intereses de las grandes mayorías.

Las crisis no son negativas, son pequeñas señales que indican que algo no camina bien en el cuerpo social y que es preciso revisar, diagnosticar y curar las heridas causadas a lo largo de muchas décadas. Las cosas positivas realizadas en la Universidad, los logros alcanzados, las metas trazadas, el futuro proyectado que no es aceptado ni reconocido van dejando pequeñas grietas que luego se vuelven profundas. La evaluación continua y a fondo de todos los aspectos de cualquier institución se convierten en una necesidad histórica.

Evidentemente hay mucho que hacer y más ahora que la dirección administrativa y académica de la Universidad dio muestras de abrirse a un diálogo más amplio, a escuchar y revisar la legitimidad de las demandas estudiantiles, superando la criminalización de la protesta, pero reafirmando y consolidando al mismo tiempo, el camino recorrido en las reformas universitarias, útiles al desarrollo personal, académico y profesional de los alumnos, necesarias para afianzar una comunidad universitaria respetuosa del derecho a organizarse y con capacidad de decidir su destino, libre de injerencias políticas, pero también responsable de alcanzar la excelencia académica.

Ciertamente han ocurrido perdidas económicas para el Estado y para muchos padres de familia, pero si los cambios son positivos, estos sacrificios valdrán la pena, porque servirán para establecer un país con más y mejores recursos humanos y por lo tanto con mayor satisfacción individual y colectiva, demostrando que nadie tiene el derecho ni debe obligar a los demás a mirar hacia atrás.

El movimiento de los jóvenes tanto en la universidad, como al interior de la Iglesia y en otros ámbitos y espacios de la sociedad, dan la sensación de estar entrando en una época de cambios en Honduras, cambios de mayor profundidad y eso es bueno para una democracia débil, deslegitimada y con la necesidad de transformarse y de oxigenarse. Estas crisis son sin duda un punto de partida para esos cambios.

Sin embargo, esta problemática universitaria puede ser el preámbulo de crisis más profundas que están por venir, producto de los juegos de poder económico y político, de la incapacidad de dialogo de nuestra clase política y de la corrupción y debilidad de nuestras instituciones. Un país sin un Estado de derecho no resuelve crisis, está continuamente apangando fuegos.

Conviene preguntarse: ¿Será el conflicto en la universidad el inicio de un tortuoso camino para medir fuerzas en otros escenarios nacionales hasta llegar a establecer una democracia estable?. ¿Seguirán los conflictos en la discusión de las reformas electorales, en la elección del nuevo Tribunal Superior de Cuentas, de los nuevos Magistrados al Instituto de Acceso a la Información Pública, cuando se reglamente la re-elección presidencial, teniendo la batalla final en las próximas elecciones generales del 2017?. Las lecciones aprendidas en estos últimos años deben conducirnos a recuperar la confianza en que las próximas crisis institucionales se resolverán mediante el dialogo, la razón y la preeminencia del interés general.

Los jóvenes del Movimiento Universitario, han leído correctamente este escenario y se han desmarcado de la agenda política que en algún momento enarbolaron y empiezan a buscar una agenda de consenso y dialogo, que resuelva los problemas nada sencillos que requieren soluciones profundas en lo académico y en lo estructural. Los jóvenes han demostrado que buscan otras reformas: una participación verdadera en la construcción de su futuro profesional, la inserción de la universidad en la vida política y social del país, con una propuesta de desarrollo viable para hoy y para mañana.

Reflexión comunitaria:

• ¿Qué opinan en su comunidad de la huelga universitaria?.

• ¿Consideran que esta crisis es un reflejo de la realidad del país?. ¿Por qué?.

Pastoral Social / Cáritas de Honduras

No. 144 / Año 14

Tegucigalpa, Honduras