Jornada Mundial de la Juventud, Cracovia, 2016 "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia"

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El pasado mes de julio la iglesia joven universal se dio cita en la ciudad de Cracovia, cuna del santo papa Juan Pablo II,  en Polonia, donde se llevó a cabo la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. Cada país, desde sus limitaciones, mandó delegaciones de jóvenes a esta experiencia de fe y alegría, para poder reproducirla, desde su vivencia, en cada parroquia.

La página oficial de la Jornada Mundial de la Juventud, (JMJ), nos enfatiza que estos encuentros no nacen de pensamientos empíricos, sino más bien, de la sagrada inspiración de un personaje muy especial: “No es la primera vez que un encuentro internacional de los jóvenes coincide con un Año jubilar. En efecto, san Juan Pablo II convocó por primera vez a los jóvenes de todo el mundo para el Domingo de Ramos durante el Año Santo de la Redención (1983/1984).”

Cada jornada cuenta con un lema, los últimos han sido inspirados en las bienaventuranzas, y, este año no ha sido la excepción, la JMJ 2016 se ha inspirado en nuestro mandato jubilar: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”, basándose en estas interrogantes: “Y tú, querido joven, querida joven, ¿has sentido alguna vez esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza?. ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que, por amor, te ha dado todo?. Como nos enseña san Pablo, «la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores» (Rm 5,8). ¿Pero entendemos de verdad la fuerza de estas palabras?”, recuperado del mensaje final de la JMJ, Cracovia, 2016.

Honduras estuvo muy bien representada, dentro de su delegación, encontramos chicos que estuvieron dispuestos a referir sus experiencias. Jóvenes de la parroquia La Santa Cruz, en San Pedro Sula, y de Santa Rosa de Lima, en Santa Rosa de Copán, fueron algunos de los emisarios hacía Polonia.

Ellos lo mencionan, no fue fácil; estos chicos se armaron de valor, voluntad y perseverancia para juntar el dinero necesario que comprara su boletos aéreos, para ello, cada semana durante varios meses, vendían cualquier tipo de comida al final de misas, predicas, catequesis y formaciones, trabajaban tres días a la semana en actividades para poder completar los gastos.

 

Honduras en Polonia

Las jornadas fueron creadas con el propósito de predicar a un cristo vivo y joven, pero, es trabajo personal vivirla de manera única, especial e inolvidable. Lilian García, de la parroquia La Santa Cruz, nos cuenta un poco sobre su experiencia: “En enero de este año, recién llegados a esa parroquia, mi padrino insistió en que yo era capaz de poder ir a Cracovia.Yo lo dudaba, pero  desde ese momento formé parte del grupo peregrino. Iniciamos con las actividades, las que nos ayudaron a crecer como hermanos, pasamos muchas penas y alegrías, pero el amor de Dios prevaleció en esta misión”. Es importante recalcar el papel fundamental de los padres de cada joven en este viaje, muchos de ellos trabajaron hombro a hombro con sus hijos para poder reunir el dinero, siendo el apoyo de la familia el pilar esencial para el desarrollo espiritual de los chicos.

 

Cuando hablamos de estos encuentros, no nos imaginamos el trabajo que tiene cada país en ellos, principalmente aquel al que se le asigna la jornada en sus tierras, porque éste último, se compromete a alojar a cualquier cantidad de jóvenes que llegan.Para ello, forman comités de familias que adoptan por algunos días a los chicos dándoles alimentos, descanso y calor de hogar. Lilian nos cuenta que, durante su estadía, sufrió un pequeño accidente y se lesionó su tobillo: “Mientras estuve convaleciente, mi familia en Cracovia me cuidó con mucho amor y misericordia, no me dejaban salir, ni pararme, para que pudiera mejorarme pronto.Fui muy bendecida con ellos.”

Miriam Interiano, joven activa de la parroquia La Santa Cruz, nos comenta que lo más dificil de decir sí a la Jornada fue dejar a su familia por dieciocho días: “Nunca me había separado de mi familia, cuando se acercaba el día de partir, las ansías y nervios me inundaban, sentía nostalgia por alejarme de ellos”. Además, nos abrevia qué actividades realizaron en la pre-jornada en la ciudad de Varsovia: “La gente nos recibió con gran amor, fueron muy atentos y amables con nosotros. Cada día eran actividades nuevas, entre ellas, asistíamos a misas, a oraciones y convivencias entre familias.”

Finalmente, Miriam nos cuenta su odisea para poder ver de lejos al santo pontífice, Francisco I: “Estábamos en una actividad y nos dijeron que el Papa llegaría en unas horas ahí donde estábamos, y decidimos quedarnos a esperarlo. Según nosotros, era cuestión de un pequeño lapso, pero fue hasta después de seis largas horas en pie, cuando pude ver al Papa Francisco de lejos. Esa mirada marcó mi vida. Si tuviera que volver hacerlo y quedarme en pie durante tantas tiempo, lo volvería hacer sin dudarlo.”

Cada una de ellas, en sus mensajes personales, coinciden en una cosa: que la misericordia de Dios es infinita para sus hijos y se muestra día a día en las pequeñas cosas. Ambas jóvenes han decidido ser voluntarias para la próxima jornada en Panamá 2019.