¡Ella lo hizo una vez más!

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Queridos hermanos y hermanas creí que, con haber definido como “apoteósica” nuestra Peregrinación a la Puerta de la Misericordia, con eso “bastaría”; pero no puede ser así. No puedo quedarme callado ante las manifestaciones de amor, algarabía, devoción y espiritualidad de este acontecimiento tan trascendental para la vida de nuestra comunidad parroquial. Definitivamente que era algo que ya se veía venir, ya que desde la experiencia de la preparación para nuestra peregrinación ya el Señor se había mostrado muy misericordioso con nosotros.

Les comparto que, aunque las condiciones climatológicas no serían las mejores al momento de nuestra peregrinación, yo confiaba plenamente en Dios que, llegada la hora, todo nos iba a favorecer. Fue así que en mi oración personal de la mañana de ese día, humildemente le pedí al Señor que todo nos fuera favorable. A Ella, a la Madre, le dije en mis oraciones: “Madre, que así como el Pueblo de Israel experimentaba la presencia del Señor en su camino hacia la tierra prometida, de noche con una columna de fuego que les alumbraba el camino y de día con una nube que les cubría del sol, así te pido que tú nos cubras con tu manto en toda nuestra peregrinación”.

Esta fue mi oración en mi interior; pero minutos antes de salir, al tiempo que rezábamos una decena del Rosario de la Divina Misericordia, hice pública mi oración. Y lo que yo le había dicho en el silencio y en intimidad a la Madre lo dije en público. Y como algo que había sido pedido con el corazón en la mano… bastó que saliéramos a la circunvalación para que el “hermano sol” bajara su intensidad. Y como por arte de magia las nubes tomaron un color grisáceo, y una brisa ligera y fresca se hacía sentir mientras todos los peregrinos guadalupanos “verdeábamos” una de las principales calles de esta nuestra ciudad, la ciudad de los zorzales.

Fue cuando una vez me sentí escuchado, una vez más tomaba conciencia que la Señora, la Madre… estaba haciendo lo suyo, yo en mi interior pensé: ¡ELLA LO HIZO UNA VEZ MÁS!

P. Luis Alfonso Amador